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Críticas - Príncipe Próspero

JAVIER PONCE CEVALLOS
Diario HOY Quito-Ecuador
25/10/92

La Última Fiesta

No se por qué no puedo olvidarme de los arácnidos que trazó un día Alicia Viteri. Hace tanto tiempo de eso, pero esta nueva exposición suya, colgada en estos días en La Galería, me ha vuelto sobre ese modo suyo de extremar la metáfora, de perseguir sus obsesiones, hasta dar con el esperpento/símbolo de cada especie de seres o terrores.

En el caso de los arácnidos, bastaba con ser fiel a sus proporciones. El cuerpo del animal era suficiente.
En el caso del poder de los hombres, ha sido necesario buscar en el fondo de las mismas imágenes, los rasgos del esperpento. Y en esa búsqueda, Alicia Viteri se ha detenido a través de los años, a mirar, como desde el centro de un
laberinto de espejos, todos los ángulos de cada uno de sus personajes que hoy componen esa corte de los Milagros en que se convierten las bacanales de los palacios en los países latinoamericanos.

Qué puede expresar mejor el poder  -parece preguntarse Alicia Viteri en sus cuadros de hoy- que la propia cotidianidad de los poderosos? Un poder en ruinas que, sin embargo, extrae de sus propios escombros su aliento, su pata de cabra, su juego secreto, el don de su supervivencia. Y luego de esa prolongada búsqueda de respuestas, Alicia Viteri ha encontrado que detrás de esa cotidianidad, ocurrían los pecados capitales: la pereza, la lujuria, la codicia.

Unos pocos símbolos sustanciales combina en sus cuadros, para hacer de éstos, una de las más descarnadas interpretaciones que conozco del poder. El deseo y la pasión como escenarios donde el Estado dilucida sus mayores preocupaciones; la pitonisa y la magia convirtiendo los oráculos y los presagios en discursos politicos; las charreteras, las botas y los visones confundidos con los gestos de los “machos”. La corte de los truhanes, los saltimbanquis, los zalameros y los conspiradores llenando de soledad la soledad del reinado.

Y, como decíamos, guiada por sus obsesiones, esta vez a Alicia Viteri no le bastan los acrílicos. Tiene que incorporar los elementos/símbolos de las potestades: el oro de las coronas, el diamante de las alhajas, la textura de las condecoraciones, la ambiguedad y la mentira de las gasas y los velosEl tratamiento del acrílico en estos cuadros expuestos en La Galería, nos recuerda a los escenarios en carton piedra. En cuyo marco se cumplían las ficciones de los príncipes y los bufones, de los gatos en pintas de sires ingleses y de los enanos. Con aquellos colores dorados, grises, negros, ocres en sus estados puros, colores de aquelarre.

Sorprendente síntesis de nuestras vidas republicanas las que nos presenta Alicia Viteri. Un retrato de un señorío mal aprendido, un señorío de cuartelazo y de gamonalismo. La omnipotencia republicana que no aparece más que como una parodia de la omnipotencia colonial.

ANA MARIA ESCALLON
El Espectador. Bogotá
1987

De los nuevos artistas que nacieron en Pasto, el trabajo de Alicia Viteri resulta, sin duda alguna, el más interesante y por supuesto, implica fuerza y validez.

Alicia Viteri presenta una obra expresionista tanto en pintura como en grabado. Su mundo son personajes sociales estridentes donde donde se tocan temas límites que van desde el Carnaval hasta el Réquiem.. En todos impera la sordidez, los contrastes sistemáticos de color y forma. Ese grupo de figuras que dominan presentan  una serie de deformaciones, están continuamente sometidas a irremediables tensiones que no se resuelven por dentro, sino que quedan a la expectativa. En los trabajos, el fondo no es neutro. Impera un mundo atmosférico donde se insinúan imágenes, siluetas, que salieron de los mundos muralistas del Bosco. Su obra es crítica, y no solo es una sátira social, sino que hay una crítica al hombre por el solo hecho de serlo. Es un trabajo lleno de fuerza expresiva, donde nuevamente se busca otra estética.  Es una figuración que implica gesto, expresividad y violencia. Alicia Viteri expone acá otra serie de cuadros donde se impone un aditamento: objetos. Objetos que en el uso sobre el lienzo, agreden, retoman no solo esa función satirica, sino que dentro del contexto – la cadena, el collar de perlas, el anillo de diamante o la flor artificial y blanca -, imponen un Nuevo rigor. El adorno es, estridentemente, adorno. Se convierte en un peso artificial que cargan esos posibles eres humanos. El oropel fácilmente se convierte en cursilería. El objeto acentúa su intención inicial: la sordidez.

CARLOS MANUEL GASTEAZORO
La Prensa – Panamá
4/9/1991

En Julio de mil novecientos ochenta y siete hizo su aparición en Panamá, un personaje ya viejo en nuestra experiencia vital. En aquella ocasion tenía una gran fiesta y la galeria de invitados era particularmente atractiva e interesante.
A un año de su existencia artística, el gobernante vuelve a nosotros. Hoy está revestido de unas formas existenciales que si ayer intuíamos, actualmente se nos descubren con todo su trágico barroquismo. Tan americano como universal, tan vívido que no permite dudas sobre una realidad que se siente en este continente mestizo.

Ello es así porque las muestras de Alicia Viteri son, además de una excelente pintura, un penetrante análisis de nuestra realidad político-social. Usa el bisturí con el analgésico del arte, pero queda un sabor triste después de contemplar su serie de personajes. No faltan en esta galería la “Abuela Rica” y sus protegidos, los parientes pobres. Ellos se congregaron para celebrar el nacimiento del que habría de ser el “Supremo” (con permiso de Roa Bastos).

La vida de este elegido es distinta, a la vez que exacta a la de todos los soberanos. Transcurren, a lo largo de su magnífico existir, los quehaceres diarios, pero con el sello particular de la voluntad que caprichosamente todo lo quiere y todo lo realiza en medio de una solemne autoridad  y una soledad, que encuentra como único refugio la adulación, por una parte, y, desde otro ángulo, la obediencia a otro “Supremo” que se oculta tras el oropel, los cortinajes y las “elegidas” de una corte seductora, a pesar de la mucha ignominia que se refleja en un perro omnipresente, y los rasgos zoomórficos que nos hacen recordar nuestra antigua cerámica precolombina.

Alicia Viteri se presenta, pues, triunfalmente y su diagnóstico se emparenta a la novelística contemporánea, en lo que respecta al poder matriarcal, el abuso dictatorial y el malestar de un mundo que se desgarra a sí mismo en contra de su propio bienestar.

NICANOR OCTAVIO REYES
La Estrella de Panamá.
Septiembre 1991

No todo lo que brilla es oro

Como si fuera uno de aquellos antiguos Pintores de la Corte, Alicia Viteri se convierte en cronista de la vida y milagros del Príncipe Próspero.
En los dibujos que conforman esta exhibición, Alicia nos va revelando con profunda sensibilidad artística, con absoluto dominio de su oficio y con implacable fidelidad, los infinitos rostros de la condición humana. Entre brillos y oropeles, bajo encajes y brocados, junto a perlas y diamantes que llenan el escenario de la vida del Príncipe, se vislumbran latentes las pobrezas y las miserias del alma de quienes en apariencia todo lo tienen y todo lo pueden.

El blanco y negro de las imágenes semeja una radiografía del espíritu humano, que quiere esconderse y disimularse detrás de deslumbrantes dorados y plateados. Las muecas quieren ser sonrisas. Los esperpentos quieren vestirse de seda. Y en ese Gran Disimulo en que con frecuencia se convierte la vida, la artista se vuelve casi cómplice de su personajes. Los maquilla, los perfuma con flores, los enriquece con collares y anillos, los envuelve en rasos y crepés, los viste de realidad, les hace creer que son verdaderos, que casi pueden salirse de ese cuadro. Pero en el ultimo instante, un trazo vigoroso, una pincelada contundente, los define y los condena a su papel eterno de metáfora, a su función perenne de espejo de nosotros mismos.
Ese es el principal valor de la obra de Alicia. Sus personajes tienen siempre algo que nos recuerda a alguien. Y casi siempre ese alguien somos nosotros mismos. Esa confrontación, ese “hecho artístico”, es solo posible cuando al dominio de las técnicas  pictóricas se agrega la madura observación y percepción de la naturaleza humana. Al tomar como referencia temática al personaje de E.A.Poe, Alicia utiliza al Príncipe Próspero como símbolo que aglutina en sí mismo y a su alrededor a una infinidad de personajes y situaciones que propician toda la gama de emociones y vivencias. Da lo mismo que los lujosos salones o las deslumbrantes vestimentas rememoren épocas pretéritas. Lo que trasciende, lo que importa, son los gestos, las miradas,las actitudes que, en cualquier tiempo y lugar, definen lo humano del ser humano.

A través de esta crónica del Príncipe, Alicia nos reitera lo que mostró en su obra anterior de Funerales y Carnavales: la dualidad del ser humano, su capacidad de amor y de odio, de ser a la vez soberano y sirviente, tirano y esclavo, carcelero y prisionero, actor y espectador. Las intrigas palaciegas son las cavilaciones de nuestra propia intimidad. Y a las confrontaciones de la Guerra suceden los fragores del amor. El Príncipe también tiene su corazoncito.

Estos cuentos dibujados del Príncipe no están hechos para que vayamos a dormir tranquilamente. Alicia los narra con la intención contraria: para que abramos los ojos a la vida. Para que nos veamos a nosotros mismos. Para que recordemos, nuevamente, que no todo lo que brilla es oro.